La Comunicación es un Derecho Humano: El Poder de la Calma

Hablemos de Competencia, Curiosidad y de Reducir el Ruido de la Exclusión.

La comunicación es el puente esencial hacia las oportunidades, la comunidad y la autodeterminación. Sin embargo, durante demasiado tiempo, nuestro mundo acelerado y lleno de exigencias ha creado entornos que resultan abrumadores y excluyentes. Necesitamos aplicar las lecciones de bajar el ritmo y reducir el ruido a la forma en que interactuamos.

El Problema del Desorden Cognitivo

Debemos abordar cada interacción con auténtica curiosidad.

Necesitamos reconocer una verdad profunda: No todas las discapacidades son iguales, y tampoco lo es cada cerebro.

El espectro de la habilidad humana y la neurodiversidad es vasto y hermoso. Para las personas con neurodiversidad o ciertas discapacidades cognitivas, un ritmo rápido, una andanada de demandas simultáneas o una entrada sensorial excesiva (el “ruido”) crea una barrera más formidable que cualquier obstáculo físico. Cuando nos apresuramos, o cuando nuestra comunicación está llena de complejidad y presión innecesarias, obligamos a la persona a desviar su energía de la expresión personal hacia simplemente procesar el caos.

Si limitamos nuestra comprensión de la comunicación al intercambio verbal rápido —como tomar decisiones apresuradamente o esperar una respuesta verbal instantánea— estamos silenciando eficazmente el talento, la perspicacia y el potencial. Estamos priorizando la velocidad sobre la sustancia.

Empoderar a Través de la Competencia: El Regalo del Espacio

La verdadera inclusión se logra no solo a través de la empatía, sino a través de la competencia. Esto significa ser lo suficientemente hábil para controlar el entorno y maximizar cada voz.

Bajar el ritmo (la calma) es un poderoso acto de competencia. Proporciona el tiempo de procesamiento necesario, respeta los diferentes ritmos internos y reduce la ansiedad.

Reducir el ruido es otro acto clave. Esto incluye:

• Ruido Sensorial: Minimizar luces brillantes, sonidos fuertes o fondos visuales cargados (por ejemplo, en una reunión virtual).

• Ruido Cognitivo: Usar un lenguaje sencillo, centrarse en un tema a la vez y evitar la jerga innecesaria.

• Ruido de Presión: Permitir respuestas no verbales, proporcionar preguntas con anticipación y aceptar la comunicación a través de texto escrito, CAA (Comunicación Aumentativa y Alternativa) o apoyos visuales.

Este cambio transfiere la responsabilidad de “arreglar” al individuo a perfeccionar el entorno. Al construir proactivamente espacios tranquilos y al reducir nuestro ritmo, defendemos la comunicación como el derecho humano que es. Pasamos de ser simplemente “accesibles” a ser verdaderamente empoderadores.

Su Conclusión

Pregúntese a usted mismo y a su equipo hoy: ¿Estamos exigiendo la conformidad a nuestro ritmo y nivel de ruido, o estamos cultivando la competencia al darle a otros el espacio que necesitan para contribuir? Comprometámonos a fomentar entornos donde cada voz, sin importar cómo se articule, sea escuchada y comprendida siendo intencionalmente más lentos y silenciosos.

Liz Cabrera

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